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¡ARRIBA PIURÚ!

Escribe: Luis Torres Montero | Director de Malapalafaiter.pe

Somos un país que ama el fútbol porque en la última batalla de una guerra casi perdida puede darnos un arco iris de fuego esperanzador. Nos alegra el corazón, nos vuelve unidos, y la nación no es un holograma, es real: es un abrazo, es copular ruborizados con las mejillas rojo y blanco, borrachos de fe, comunión de heridas, decimos tonterías también y pisamos huevos, nos resbalamos y nos levantamos, por igual pesimistas de la FPF, ateos de Gareca, y sus waripoleras, todos somos uno cuando gana el Perú.

Porque es alegría generalísima, nos atraviesa, nos contagia, y de verdad estábamos vapuleados por las malas noticias que esto es un balón de aire para todo el país, un zeppelin de ilusiones. Cuando Perú gana nada importa. Ni siquiera clasificar a Rusia queriendo un poco de su frío para calmar nuestro océano y no llueva más y así ganarle a las Lluvias FC.

El amante del fútbol peruano vive el momento. No hay más. Es un carpediem futbolero viviente que se compra su diario deportivo y sobrevive apenas revolcado ante las desgracias naturales, caídas de puentes, ratas en ternos y corbata con billetera de Odebrecht, fanáticos de la religión… quieran o no el fútbol maneja el estrés nacional gritando gol rajándonos los labios en las puertas de las pollerías, chifas, bares de mala muerte, hostales olvidados.

En realidad esta columna tendría que rendir homenaje a los que siempre van al Estadio. O los que creen tras el televisor (yo, le perdí la fe hace rato). Son Poetas del balón del instante, versos en torno a una jugada, narrativa épica, nos contamos las jugadas y las dimensionamos. Nos devuelve la esperanza y era lo que necesitábamos con esta victoria raspando, casi en la agonía de un palo.

En la lesión de Cueva; el cansancio y entrega y liderazgo, ídolo Paolo Guerrero, locomotora heroica dejando en el suelo a uno de los mejores defensas del mundo para el gol; la velocidad y marca de Truco; la creatividad de Trauco; el control de la zona defensiva de Miguel Araujo; la frescura de Paolo Hurtado; la gigantez de Gallese en el tiro libro de luchito Suárez directo del primer mundo del fútbol; el decisivo lobezno Flores oliendo la sangre uruguaya; el achoramiento de Carrillo por la banda; todos fueron energía fluyendo para el objetivo. Fue el mejor juego de este eliminatorias de Perú, frente a un rival que no es cualquiera, el aguerrido Uruguay del pericote Luis Suárez.  

Esto es flor de un día (ojalá no sea así), justo cuando se terminan las Eliminatorias, Perú parece que despierta, pero las últimas actuaciones de otras clasificaciones nos devuelven a la realidad. Así como el desastre en Piura. 

Arriba Perú, pero más Arriba Piura, o mejor Arriba Piurú, un neologismo repentino, fusión verbal que atiende este sentimiento de los miles de hinchas que mandaban frases de solidaridad con sus hermanos damnificados en el norte grabados en vivo por las televisoras.

Con el corazón herido de huaicos nos levantamos un poquito desde el barro como Evangelina, pensando solo en vivir por los nuestros. Gracias muchachos. Arriba Perú. ¡Arriba Piurú, carajo!

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