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Columna Malas Palabras cumple 10 años de combate periodístico

Hoy se cumplen 10 años desde que se publicó por primera vez la columna Malas Palabras. Me acuerdo que llegué sin documentos en el completo anonimato tocando la puerta del diario la Primera, en la avenida Enrique Palacios; varias cuadras transitadas porque ya no tenía pasaje y me botaban temprano para buscar trabajo pero nada importa cuando tienes un plan literario periodístico calentando las manos. “Quiero una cita con el señor director César Lévano”, le dije a la recepcionista con el desafío y altivez y seguridad del joven que no perdía nada al intentarlo.

Un sobre de manila con tres tibias columnas de ejemplo, en hojas bond, era mi pasaporte hacia la tinta y las rotativas. El espíritu de la columna, el concepto, también la tenía en la mente. Sabía que era algo nuevo nunca antes visto en la prensa peruana. Sabía que iba a gustar o al menos no te iba a dejar indiferente. Lo que no sabía era la repercusión y todo lo que iba a generar en la política, en mi vida, en mi familia, en mi trabajo poético con la palabra.

Tres meses pasaron y un día como hoy se publicó: “El Obama de Chincha”, 300 palabras sin espacio sin sans serif. Nunca quise ser conocido, tampoco gustar, solo quería divertirme con las palabras, colocar en acción mi Ars Poetique, mi estética, mi modo de ver la vida, criticar a los poderosos sin miedo era deber no sabía los odios que provocaría.

Era arriesgarse, eso sí, y César Lévano se arriesgó al decidir publicarla contra viento y marea – siempre agradecido con el maestro. Después fijé los términos con el dueño, nada mal para un soltero no codiciado. Conocí a mis colegas, hoy en día hermanos de toda la vida y con más batallas puestas en sus pechos como generales sin uniformes (el magnífico editor Manolo Robles; el recordado Raúl Wiener, con quién me carcajeaba a morir; los fotógrafos, los diseñadores, los redactores, un poco menos). Supe que el periodismo es una batalla encarnizada y constante. Una lucha frontal.Por el azar, tuve la mejor escuela que cualquier periodista de opinión hubiera querido.

Los conservadores nunca imaginarían que, desde un timón de editorial al detalle (Lévano), partiendo el gramado por un artillero nato (Hildebrandt), iría en la cola un skater con pluma versátil, con la habilidad de un humor tan personal, muchas veces, con unas nuevas palabras, en varios registros: mini crónica, rap, replana y nuevas palabras, ficción, no ficción, autocrítica, comics style, humor negro, asumía la columna como un espejo del mundo en las palabras; me encontraba sobre una mesa del Juanito con periodistas del portal Útero, y Caretas, a preguntarme ¿Cómo así escribes, cuáles son tus referentes? Y hasta una actual presentadora principal de RPP me halagaba, trago en mano, “Mi hermana ha propuesto hacer su tesis con tus columnas”.

Disculpen la vanidad, un poquito no viene mal ante tanta mierda que aventaron, hay que recordar ciertas cosas para que no se desubiquen los chacales. Después, la persecución, cosa de la que no hablaré ahora, porque todavía no es su aniversario. Igual, prometo regresar el vuelto.

Ahora el panorama creativo de las columnas, en la prensa, la veo tan pobre que me saca una sonrisa. Lo que hice fue una pequeña revolución. No de café, sí sobre ruedas. Muy orgulloso de Malas Palabras, 10 añitos, el mayor de mis hijos.

Y por esta cosa tan bonita, hoy, 5 de junio del 2018, yo brindo solo, como el lobo solitario que siempre fui. Por supuesto, la lucha continúa. Es perpetua.

Luis Torres.

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