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El botín alado de Guerrero, por Luis Torres

Puedo ver aún los ojos de Paolo Guerrero con las lágrimas contenidas cantando el hermoso himno nacional peruano. Puedo ver aún encendido el coloso José Díaz gritando gol cuando el barco llamado Perú se hundía pese a los buenos resultados de un Chile calamitoso, y un digno Venezuela que moría de pie en los Defensores del Chaco. Perú clasificó, digamos, no directamente al Mundial, sí al repechaje, disputado por hasta cuatro países ajustados, el objetivo si nos sinceramos; ahora disputará con Nueva Zelanda, en noviembre, y la agonía se extiende, pero con un guiño con sabor a vodka desde Rusia 2018. Solo por eso Gareca ya cumplió con su objetivo.

Hay que decir, sin embargo, que Perú aún no muestra su real dimensión de juego. Esa que ganó a Ecuador, en Quito. Desapareció Cueva, Carrillo, Flores, acaso por una Colombia que asfixió a todo aquel que se acercaba a su medio campo. La franja de sangre no supo qué hacer con el balón, en el lado creativo.La tricolor jugó como local, salsa de Cali por todos lados en la estrategia de un curtido lobo en estas lides, el señor José Néstor Pékerman. Un James se encontró la redonda en el área y trajo a tierra a ese Gallese de manoplas dejadas en la Bombonera. Todos los smartphones con los tableros luminiscentes de un soñar que fue lindo mientras duró. Perú estaba afuera.

Perú, ahogándose, y con sus fantasma anteriores del casi eterno. El destino le jugaba una mala pasada, y peor, sin proyección a un encuentro con las redes. La tribuna dormida (acalambrada en cálculos y sumas) y veía, no a once colombianos, sino a veinte en la cancha. Corzo metió la cabeza ante la arremetida de una calanca negra y forzó un tiro libre indirecto. Paolo Guerrero, haciendo caso a su intuición, más que a las reglas, la manda directo hacia Ospina, tocando el balón. Gol peruano. Los edificios de Santiago se llenaban de putamadres y la locura, con fuegos artificiales incluidos, reverdeció el cielo de Lima.

El arreglo sobre el pasto del José Díaz entre Falcao y los defensas de Perú tuvo poco de ética deportiva, pero prefiero eso que la metida de dedo chileno al uruguayo Cavani. La comparación no nos hace nobles, sí, pacíficos, apelando a cierta clase de inteligencia emocional calzando chimpunes, procurando pensar con la cabeza fría en esa máquina de patadas llamada Fútbol. Acá falla la FIFA por tratar de alinear los partidos a una sola hora por motivos deportivos. Otra cosa, no tenemos nada que agradecer a Chile. Los puntos del TAS, que si bien se originaron en sus trámites mapochos, no tuvo la intención de ayudar al equipo incaico. Fue también el azar de un país con la gracia de los dioses llamado Perú, los mismos que le avientan un salvavidas de alegría, gloria, y coraje, desde el botín alado de Guerrero, y los dedos del golero Ospina que fue sorprendido por ese rayo incaico en tienda cafetalera.

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